Economía

En el 41% de los hogares en San Francisco comen una vez al día


La Comisión para los Derechos Humanos del Estado Zulia (Codhez) publicó los resultados del sondeo en línea sobre consumo de alimentos y seguridad alimentaria, realizado del 22 al 28 de febrero de este año, para estudiar los hábitos alimenticios de los hogares en Lara, Táchira y Zulia.

Por laverdad.com

Al verificar las estrategias que adoptan las familias de Maracaibo para acceder a alimentos, se observa que 88% de los hogares adopta estrategias de sobrevivencia para mantener un consumo básico de alimentos.

De este porcentaje, 56% sobrepasa el umbral de adaptaciones negativas extremas, mientras que 16% presenta inseguridad alimentaria, 16% está en riesgo de sufrirla, y 12% estaría en una situación normal.

En otros municipios la situación se agrava:

En San Francisco el 83% de hogares adopta estrategias de sobrevivencia para mantener un consumo básico de alimentos.
En Lagunillas el 93% de hogares adopta este tipo de estrategias de sobrevivencia.
En Mara y Cabimas, las estrategias de sobrevivencia abarcan la totalidad de hogares.
Esta sección del sondeo de Codhez se refiere a la indagación sobre las adaptaciones que las familias experimentan para acceder a los alimentos cuando no tienen suficientes recursos o dinero para adquirirlos, con el objetivo de determinar el índice de estrategias de afrontamiento.

El reporte, que incluye información sobre la experiencia en los hábitos de consumo en los municipios del Área Metropolitana de Maracaibo (Maracaibo y Mara); de la Costa Oriental del Lago (Lagunillas y Cabimas), también presenta datos sobre la calidad de la dieta alimenticia.

Cereales, plátanos, tubérculos, aceites y grasas son los alimentos más consumidos en el contexto de las comidas diarias.

En Maracaibo, por ejemplo, la respuesta predominante fue el consumo de cereales en un 94%. Es decir, de arepa, pasta, pan, arroz, harinas de maíz o trigo, entre otros. En segundo lugar, el consumo de aceites y grasas, con un 76%, repitiéndose la tendencia del sondeo realizado en noviembre de 2020.

Pocas opciones de alimentación

En el municipio San Francisco, estado Zulia, 83% de hogares reportó haber consumido alimentos menos preferidos o más baratos durante la semana, mientras que 19% declaró hacerlo los siete días de la semana.

Entre tanto que el 52% de los encuestados indicó haber dejado de desayunar, almorzar o cenar al menos una vez durante la semana, cuando 15% lo hizo a diario.

Comer solo una vez o no comer nada en el día fue una situación presentada en al menos una vez en la semana en 41% de hogares, mientras el 29% señaló que sucedió de una a tres veces por semana.

Aunado a esto, San Francisco registró la tasa de diversidad de alimentos más baja entre los hogares de las regiones del occidente del país que respondieron el sondeo.

En atención a lo observado, Codhez destaca que los sacrificios que implementan los hogares para acceder a los alimentos se han mantenido tanto intensos como cotidianos, de acuerdo con los resultados obtenidos de los sondeos realizados desde octubre de 2020.

En general, los datos evidencian que la inseguridad alimentaria se mantiene como constante.

Esta notoria fragilidad, en un contexto cada vez más precario, de la economía familiar para afrontar los gastos en alimentos, concurre con los de otras necesidades básicas como el agua potable, la gasolina o los servicios de educación y salud.

Ante esto, Codhez resalta que, en las circunstancias actuales, un año después de haberse decretado el estado de alarma por la pandemia de la Covid-19 en todo el país, persiste la inquietante inacción del Estado venezolano ante la inseguridad alimentaria.

“Se ha cometido una serie de arbitrariedades contra organizaciones de la sociedad civil que realizan asistencia humanitaria en el ámbito de la alimentación que, entre otras consecuencias, han supuesto la suspensión de los programas de transferencias monetarias que permitían comprar alimentos a familias en situación de vulnerabilidad”, sostiene la organización en su reporte.

En este sentido, se insiste en que el Estado debe diseñar e implementar un plan estratégico que dé respuesta inmediata y eficiente a la inseguridad alimentaria, y que asegure el derecho a no padecer hambre; y a la par de otro orientado a restablecer la independencia económica de las familias para sostenerse; aplicados con particular atención a las especificidades de las poblaciones más vulnerables.

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