Opinión

Abraham Sequeda: El déspota, la sumisión y la esclavitud en Venezuela


Justo antes de la etapa de colapso de todo sistema totalitario, se presentan una serie de manifestaciones que forman parte de la degradación in extremis de ese sistema. La misión se cumple en ambos lados de los actores o habitantes; si es que cabe la posibilidad de hacer una división. Ya no es el tirano por una parte, son varios tiranos, déspotas que desean figurar y sobrevivir sobre sus colegas. 

En el otro lado de esta división de los actores, están los habitantes en sus diferentes estratos socio-económicos, una población echada a su suerte; esta se encuentra en mayor o menor grado desasistida. El deterioro en salud, económico, psicológico, ha sido causado directamente por aquellos que, ostentando el poder político, el de las armas, desean poseer en el siglo XXI, lo que se conoce en forma genérica, como esclavos.

En la época de esclavitud negra en Estados Unidos, un médico (Samuel A. Cartwright) en 1851 describió, según él, una enfermedad mental caracterizada por “deseos de libertad”, llamada drapetomanía. Todo un plan esclavista que involucraba a sus propios “pseudocientíficos”. No conforme con esto, adoptaron un “tratamiento” sobre esos esclavos, que consistía cortarles los dedos o darles de latigazos, ambos como medida preventiva.

La drapetomanía, concepto de antipsiquiatría, como diagnóstico psicológico de los esclavos con un deseo excesivo de escaparse de sus amos y obtener su libertad, no era realmente un problema mental del individuo, sino una consecuencia de una situación social particular. 

Existen varios tipos de esclavitud moderna: la trata de personas y la prostitución infantil, actividades enmarcadas en la devastación humana en Venezuela a causa de los déspotas. Lo relevante es que, la sumisión previa al esclavismo y muy común en otros ámbitos de la vida cotidiana, está descrita como una condición en la cual la población recibe un mensaje confuso de castigo, dolor y sufrimiento, así como de sus causantes; a su vez una percepción de protección que se promociona desde el centro de propaganda de la tiranía. 

La semilla de la sumisión germina como resultado de someterse a alguien, para vivir o sobrevivir, a costa de sus propias necesidades y deseos; es decir, el cese de la libertad individual.

Para eliminar la sumisión, para evitar la esclavitud y comenzar un proceso reversible para obtener la libertad y deshacerse de la tiranía, se necesita disminuir la dependencia directa o indirecta de los déspotas, satisfacer nuestras propias necesidades para poder ayudar cuando realmente se nos necesita, perder el miedo y actuar con inteligencia, eliminar la sensación de culpa y sacrificio a causa de los déspotas, ya que estos seguirán siendo así; actuar con responsabilidad,  el reconocimiento y toma de conciencia de que el cambio y el destino de Venezuela también depende de cada quién.

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